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HOMENAJE A LOS MIEMBROS FUNDADORES SALÓN DE LA PLÁSTICA MEXICANA

       

A mediados de 1949 los periódicos anunciaban la inminente apertura del Salón de la Plástica Mexicana para beneficiar, por medio de la venta de sus obras, a los artistas mexicanos. Los anteriores reglamentos se enriquecieron con un inciso correspon¬diente al control de calidad, la cual sería juzgada por una comisión que integraron el jefe del Departamento de Artes Plásticas, el director de la Escuela de Pintura y Escultura, el director de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, el presidente de la Asociación de Críticos e Investigadores de las Artes Plásticas, y el director del Salón de la Plástica Mexicana. Otra decisión importante fue situar el salón fuera del Palacio de Bellas Artes, y se dispuso ubicarlo en un lugar que ya fuera conocido por público y artistas: la antigua Galería Mont-Orendáin que estaba en los calles de Puebla número 154. El horario inicial se adecuó seguramente a las costumbres de la época. ¿A quién se le ocurriría hoy, fuera del día de la inauguración, tener abierta una galería hasta las 10 de la noche? Pero el salón comenzó operando de10a12y de 17 a 22 horas, todos los días excepto el lunes. Con motivo de cumplir 25 años de ininterrumpida actividad, mucho se ha discutido sobre quiénes fueron los miembros funda¬dores. No hace falta discutir porque Fernando Gamboa guardó en su archivo la lista inicial de los "50 mejores pintores, grabadores y escultores de México, desde los ya consagrados hasta los jóvenes". A la hora de los ajustes el número subió a 51 y éstos fueron quienes la integraron: Ignacio Aguirre, David Alfaro Siqueiros, Raúl Anguiano, Luis Arenal, Dr. Atl, Abelardo Ávila, Angelina Beloff, Alberto Beltrán, Ángel Bracho, Celia Calderón, Federico Cantú, Fernando Castro Pacheco, José Chávez Morado, Erasto Cortés Juárez, Olga Costa, Dolores Cueto, Germán Cueto, Gonzalo de la Paz Pérez, Francisco Dosamantes, Jesús Escobedo, Arturo García Bustos, Jorge González Camarena, Jesús Guerrero Calvan, Xavier Guerrero, Frida Kahlo, Agustín Lazo, Amador Lugo, Leopoldo Méndez, Carlos Mérida, Gustavo Montoya, Francisco Mora, Nicolás Moreno, Nefero, Luis Nishizawa, Juan O'Gorman, Pablo O'Higgins, Carlos Orozco Romero, Luis Ortiz Monasterio, Feliciano Peña, Fanny Rabel, Everardo Ramírez, Jesús Reyes Ferreira, Manuel Rodríguez Lozano, Diego Rivera, Antonio Ruiz, Juan Soriano, Rufino Tamayo, Cordelia Urueta, Héctor Xavier, Desiderio Hernández Xochitiotzin y Alfredo Zalce.
Se dispuso que siempre y simultáneamente se presentarían una exposición colectiva y otra individual. Entre los propósitos se subrayaba que el Salón tenía como meta primordial ayudar al fomento de un mercado más amplio y más activo para el arte mexicano; que se ofrecerían a la venta obras de precio reducido y gran categoría (impulsando para ello la producción de grabados, dibujos y acuarelas), con el fin de despertar entre el gran público la demanda de una producción artística buena, sin descuidar el cultivo del coleccionismo en mayor escala; que se asesoraría en materia de decoraciones murales, retratos, decoración de interiores privados o profesionales.
Bajo la entusiasta dirección de Susana Gamboa, el Salón de la Plástica Mexicana inició sus actividades el 16 de noviembre de 1949 con una individual de pinturas de Feliciano Peña que la crítica celebró sin los dogmatismos formalistas que pocos años después segregarían a la "escuela mexicana". Las siguientes individuales fueron, sucesivamente, de Celia Calderón y Fernando Castro Pacheco. En la primera colectiva figuraron algunos cuadros que ahora se consideran como piezas fundamentales de la pintura mexicana contemporánea, a saber: El abrazo de amor, de Frida Kahlo; El pescador, de Alfredo Zalce; El pintor, de Agustín Lazo; La niña con vestido a cuadros, de Gustavo Montoya; Paisaje de Tecolutla, de Juan Soriano; De unas ruinas nacen otras ruinas, de Juan O'Gorman; Cazador en la selva, de Xavier Guerrero; Convento de Huejotzingo, de Jorge González Camarena; Paisaje de Texas, de Carlos Mérida, y muchos otros de similar importancia.
En los primeros tres años las ventas sobrepasaron el medio millón de pesos (de entonces). Los artistas que obtuvieron mayor éxito económico, en orden contable, fueron: Rufino Tamayo, Luis Nishizawa, Guillermo Meza, Carlos Orozco Romero, Raúl Anguiano, Ignacio Beteta, José Chávez Morado, Juan Soriano, Juan O'Gorman, Olga Costa, Federico Cantú, Gustavo Montoya y Fanny Rabel. El menos afortunado fue Alberto Beltrán, por cuya obra ingresaron al Salón, en esos tres años, sólo diez pesos, mientras que el gran Leopoldo Méndez alcanzaba la muy humilde cantidad de $ 855.
Las presentaciones de catálogo fueron hechas con frecuencia por la propia Susana Gamboa; pero las hubo también de Justino Fernández, del Dr. Atl, del arquitecto Alberto T. Arai, de David Alfaro Siqueiros, de Leopoldo Méndez, de Octavio Paz.. Personalidades disímbolas concurrían a esa generosa y singular aventura en la que se intentó y logró librar de especulaciones la comercialización del objeto artístico. 

  

 

 

La situación idílica no podía durar porque en la cultura, como en otros terrenos, se dan los males y los bienes del crecimiento: rivalidades, nuevas generaciones, intereses encontrados, ambiciones, la fuerte competencia de un comercio artístico privado en constante expansión. En 25 años el Salón de la Plástica Mexicana ha cambiado en muchos sentidos: ha logrado una especie de autogobierno, el número de sus miembros ha crecido constantemente, con altas y bajas el volumen de sus ventas se ha incrementado de manera muy considerable, la integración de un Patronato (obra de la segunda directora, Carmen Barreda) ha permitido que se convocaran concursos con premios en metálico de cierta importancia; ha habido una permanente promoción de nuevos valores, y a veces se actuó con manga demasiado ancha; se atravesó la crisis de cambio de local de las calles de Puebla a las instalaciones que actualmente posee en las calles de Havre; han estallado conflictos que provocaron renuncias individuales o de grupos, secuestro de obras de clara intención política, protestas masivas por ciertas premiaciones.
Quizás algunas galerías no estatales puedan acreditarse mayor antigüedad, elencos de artistas más exclusivos o más renombrados, y libros de contabilidad con cifras más abultadas. Pero lo que el Salón de la Plástica podrá apuntar siempre a su favor es que ha sido el primer escaparate de casi todos los artistas que han llegado a tener alguna importancia en el arte mexicano; que de sus salones anuales ha salido uno de los acervos más considerables para el Museo de Arte Moderno; que ha sabido permanecer fiel al programa original en cuanto se refiere a la convivencia de consagrados y emergentes; que ha dado oportunidad a que en su seno se produjeran algunos de los avalares de la política artística, hecho indispensable para el progreso general de la cultura.
Aunque muchas veces se pronosticó su inminente desaparición, pese a que mucho se hizo para que así ocurriera, el medio cultural mexicano celebra con alegría estos 25 años de existencia del Salón de la Plástica Mexicana porque ellos se cumplen en momentos en que en el ambiente artístico soplan fuertes, profundos vientos de renovación.

Raquel Tibol, 1974
Texto publicado en el catálogo conmemorativo con motivo de los
25 años del Salón de la Plástica Mexicana. Homenaje a los Miembros Fundadores
 

 

 

 

 

 

 

 

 
       
       
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